LOS ÚLTIMOS 115 DÍAS DE BEETHOVEN

Por Francisco Pereda

“Entre las cuatro y las cinco de la tarde, espesas nubes se formaron por todas partes, oscureciéndose el día. De repente, estalló una formidable tempestad”.

Cuenta Gerhardt von Breuning, quien estuvo cerca del lecho de muerte de Ludwig Van Beethoven la tarde del lunes 26 de marzo de 1827.
La tormenta de nieve que caía sobre Viena, y las fuertes descargas eléctricas, anunciaban desde el cielo que una de las estrellas más brillantes ha dejado de alumbrar. En su testamento musical, deja un legado a millones de hombres de todos los confines del mundo.
Beethoven de naturaleza, era enfermizo, pero dotado de un fuerte temperamento. Desde joven fue propenso a múltiples afecciones, pero siempre terminaba superando las enfermedades más terribles.
El sábado 2 de diciembre de 1826, se sintió con fiebre y guardó cama, nadie se imaginó que nunca más se levantaría de ella. Ese mismo día, con su tío enfermo, su sobrino Karl salió desesperadamente en busca de un médico, pero no tuvo suerte.
El martes 5, el competente Dr. Wawruch, le diagnosticó Pulmonía severa, parecía recuperarse pero apareció la Ictericia y luego la hinchazón del vientre.
El miércoles 13, se le declaró la Hepatitis que lo llevaría hasta la tumba. A Beethoven no le faltaron amigos, en sus últimos días, condes, príncipes y personajes influyentes de Viena lo visitaron, pero había sentido la soledad de cerca. Trataba de levantarse con dificultad y se ponía a escribir, hablaba de su Décima Sinfonía y de un viaje a Londres. Lo más doloroso era las punciones en su vientre, el Dr. Wawruch, admiraba su capacidad de sufrimiento y su serenidad para resistir.
El miércoles 3 de enero de 1827, mandó llamar a un escribano y dictó su testamento, dejaba todas sus pertenencias y la suma de 10,000 florines a su sobrino Karl.
El domingo 4 de febrero, el Dr. Wawruch le practicó la última punción, la más dolorosa de todas. Todavía el 14, 15, y 16 de marzo, se levantó para seguir escribiendo.
Finalmente el viernes 23, cayó en postración total. El Dr. se sintió en el deber de decirle al paciente, su situación real; el paso por el umbral de la muerte era definitivo. Beethoven apretó afectuosamente la mano del Dr.Wawruch y con voz serena y lenta, le pidió que llamara al párroco. De lo que hablaron, no lo sabremos nunca.
El sábado 24, Beethoven recibió la comunión y la extremaunción.
El jueves 29 por la tarde, 20,000 personas se congregaron para el funeral. El féretro salió de la casa de Beethoven hasta la Iglesia de la Trinidad para luego seguir al Cementerio de Wahring.
Así reza un fragmento de los versos de Grilparzer recitados antes del sepelio:
“Era un artista, pero también un hombre, un hombre en el sentido más relevante de la palabra…Hasta su tumba conservó un corazón humanitario, y su alma abierta al mundo entero. Así era él, así murió, y así vivirá para todos los tiempos…”
En 1889, sus restos fueron trasladados al Cementerio Central, al sur de la ciudad de Viena.

 

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